Niebla
Eres lo mejor que se puede esperar de una compañera de vida, de una hermana de otra especie. Has sido siempre mi mundo entero, mi salvavidas. Pensé que yo te daba a ti la oportunidad de vivir, pero tú me la diste a mí, junto a una infinidad de alegrías, ilusiones, nuevas perspectivas y el amor más grande y auténtico que he conocido. Aunque no fueras tan inteligente te querría igual, pero el hecho de que lo entiendas siempre todo, aunque yo ni siquiera tenga que explicártelo en tus términos, me deja maravillada. Siempre has reclamado tu espacio y solo has invadido el mío cuando sabías que te necesitaba. Las horribles noches llorando en Madrid fueron mucho menos angustiantes solo porque no estaba sola, te tenía a ti, que te dejabas abrazar un rato y luego te ibas a una esquina en el suelo porque la cama te daba calor, pero desde ahí me guardabas con tu cálida seriedad preocupada. Irónicamente, eres la Niebla que despeja la niebla. No soy buena con las personas, me dan miedo sus juicios, pero contigo todo es fácil, incluso fuiste capaz de guiarme hasta los humanos correctos. Siempre me sentí muy perdida y fuera de lugar y cuando te adopté mi vida cobró sentido, nunca más me desperté sin saber que hacer, porque tú lo tienes muy claro: han pasado ya ocho horas y las necesidades apremian. Y qué pereza al principio, pero cómo cambia el día cuando pones un pie fuera. Nunca más me he quedado un día entero en casa. No me permito procratsinar mucho, porque sé que el tiempo que pierdo es también tiempo que te quito a ti. Sé que he aprendido mucho más de ti que tú de mí, pero creo que te has divertido en el proceso de verme intentarlo. Cuando te llevamos a casa no sabías ni nadar donde no hacías pie y ahora eres la envidia de cualquier nutria. Eres la perra menos delicada que he visto; comes a la velocidad a la que gira un púlsar, tumbas las puertas como la cabeza de un ariete para irrumpir siempre con tu enorme sonrisa lenguada, bebes hasta atragantarte, arrollas a cualquiera que se interponga en tu trayectoria hacia la pelota y me haces caer de culo cuando me derribas solo para que te rasque donde te gusta. Eres pícara, implacable y amorosa como la que más, una expresión de la vida misma. Sencillamente la mejor criatura que pueda existir jamás. Así que no te vayas, porque ninguno de nosotros etsá preparado para eso (aunque nunca lo estaremos realmente). Aunque ahora estemos mejor, te sigo necesitando, no sé concebir la vida sin ti. Y tu hermano Onyx te necesita también, está perdido sin tu guía, aunque la admiración no sea mutua. Sé que te gustaba más ser hija única, pero quiero pensar que, cuando los humanos estamos cumpliendo nuestras absurdas obligaciones, te gusta tener a esa motilla negra garbeando por el jardín, con su nariz pegada a tu trasero, moviendo la colita feliz y seguro de saber que sigue a quien más respeta en su pequeño mundo. Creo que nadie en mi familia las tenía todas consigo cuando te traje a casa, porque hacía muy poco que se había ido Mica, pero lo nuestro fue un flechazo mutuo con una consecuencia inevitable. Recuerdo perfectamente la primera noche que pasaste en casa: cómo me esperabas de pie en la protectora, el único elemento vertical en un mar de perros horizontales (¡se veían a leguas las ganas que tenías de largarte de aquél lugar! tu inconformismo siempre ha sido maravillosamente legendario), cómo te lanzaste en plancha a tu nueva cama, como pensando “por fin unos aposentos dignos de mi nobleza”, y cómo confiabas ya la primera semana, durmiendo panza arriba con menos preocupaciones que un tulipán. Sabías que esa era tu lugar. Y todos lo entendieron enseguida, y ahora te quieren más que a nadie. Todos conducimos decenas y centenares de kilómetros solo para traerte a casa, o pasar un ratito contigo en la playa o en el campo, y siempre vale el mil por cien la pena. Haber ido juntas a la montaña este fin de semana, haberte visto corretear feliz, ni una pizca menos ágil que cuando tenías cinco años, comer corazones de manzana con la boca abierta a más no poder, otear el bosque para localizar algún infortunado conejo (aunque nunca los pilles y me des innumberables microinfartos cuando dejo de oír el roce de tu lomo con los arbustos), me llena el corazón y me desborda de gratitud, y sé que lo hará durante mucho tiempo, hasta que volvamos ahí arriba. Lo único que siento es haber dedicado mi tiempo a tantas personas que no lo merecían en vez de estar presente contigo todos los días, en nuestro simple idilio. Pero sé que el pasado no importa, ni lo hace el futuro, esa es la mejor parte de ver la vida con ojos de perro. Todo lo que importa es el ahora, y ahora eres la perra más querida del mundo, y sé que lo sabes y lo reciprocas y lo exprimes con granujería. Así que quédate, por favor, y ayúdanos a ser aún un poco más como tú, haz que abramos los ojos y estemos siempre presentes, que no nos importe lo que piensen, y déjanos recorrer la vida a un ligero trote esperanzado, todavía contigo.



Inés, pero qué maravilla de relato. Escribes en extremo tierno y bonito, y transmites el confeti de tus emociones de una forma tan natural que es como tenerte delante. Me has emocionado mucho, siempre lo haces. Ojalá habernos encontrado aquellos días oscuros en Madrid y que Niebla me enseñara un ápice de todo lo que te está enseñando a ti. Entiendo tu miedo y tu apego, a veces se vuelve muy difícil. Pero Niebla y tú ya sois un solo ser, que habita de igual forma en uno y otro cuerpo. Me tiro al suelo con vosotras dos para abrazaros fuerte 🥲🫂❤️